Sociedad

Una pareja marplatense generó una revolución con su panadería en Mallorca

Una tarde la pareja marplatense notó que en Mallorca solamente había una panadería pequeña. “Mi papá es pastelero”, le dijo Johanna a Sebastián. Y fue en ese momento que comenzaron a formar su proyecto con un objetivo en común: abrir su propia panadería con productos argentinos. “Fueron dos años de trabajar muchas horas por día para juntar plata y traer al viejo”. Ese viejo, que hoy, es el maestro de esta empresa que no para de crecer.

Por cuatro meses trabajaron, absorbieron los conocimientos del “suegro” para “hacer todo igual de rico que en Argentina”, lucharon contra la burocracia española para obtener las licencias y permisos -trámites “más complicados para los inmigrantes”- y contra los vecinos que los denunciaban creyendo que iban a abrir un bar que los molestaría durante sus horas de sueño. Una vez que consiguieron el terreno, construyeron el comercio por las noches (porque de día trabajaban) con la ayuda de amigos.

¿El nombre del lugar? “MDQ”, “por supuesto”.
Finalmente, llegó el gran día. Levantaron la persiana y comenzó el juego. La ansiedad y la incertidumbre los mataba por dentro. El riesgo era alto. Un producto diferente en un lugar diferente. Miles de preguntas. Empanadas, sándwiches de miga, tartas, medialunas con jamón y queso, medialunas dulces y otros tipos de facturas esperaban su destino. “A las horas empezó a venir gente y más gente y más gente. Cuando nos quisimos dar cuenta había más de una cuadra de cola. Sentíamos una alegría increíble”, manifestó Sebastián.

Dos años después, abrieron su segunda sucursal. Dos años más tarde de la segunda, llegó la tercera. Y dos años después, la cuarta. El crecimiento de MDQ fue exponencial y a pasos agigantados. Al día de hoy, la empresa cuenta con 40 empleados, número que aumenta en temporada. “Y vamos por más. Este año fue muy bueno, todas las sucursales trabajan muy bien”, aseguraron.

Los productos preferidos de los españoles y los millones de turistas que visitan la isla cada año son sándwiches de miga, empanadas, alfajores de maicena y “mueren por las medialunas de jamón y queso”.

Según Sebastián el éxito de su emprendimiento se debe a que en España “todos los productos de panadería están congelados”. “Ahora hasta saben los nombres de los distintos tipos de facturas. Llegan y te dicen: ‘Quiero un vigilante o un cañoncito’. Es increíble”.

El sueño de dos jóvenes marplatenses, ahora adultos, se hizo realidad y no sólo lograron que los españoles “flipen” con una comida típica argentina sino que también, consiguieron y consiguen transportar a casa, por esos segundos que lleva comer una medialuna, a todos los marplatenses o argentinos que están “vagando” por Palma de Mallorca, lejos de los más cercanos.

 

DESTACADOS

Arriba